A casi un año de la histórica inundación del 7 de marzo de 2025 que golpeó a Bahía Blanca, el Hospital Interzonal General de Agudos “Dr. José Penna” continúa en proceso de recuperación tras los graves daños sufridos durante el temporal. Así lo señaló su director, Jorge Moyano, quien calificó el último año como uno de los más intensos en la historia reciente del centro de salud.
“Fue un año muy intenso de trabajo, de los más intensos del hospital junto con el evento de la pandemia, de mucho trabajo y de mucha reconstrucción”, afirmó Moyano al referirse al proceso de recuperación que atravesó la institución desde aquella jornada. Según explicó, durante meses el objetivo fue restablecer los servicios afectados y volver a poner en funcionamiento áreas clave para la atención sanitaria de la región.
El directivo remarcó que el esfuerzo no sólo estuvo centrado en la infraestructura, sino también en el acompañamiento al personal del hospital. “Fue un proceso de mucho crecimiento para todos”, sostuvo, al destacar el trabajo conjunto entre los equipos médicos, el personal auxiliar y las autoridades sanitarias.
Durante los primeros meses posteriores a la inundación se realizaron reuniones casi diarias para organizar las tareas y evaluar la situación de cada sector. “Inicialmente se trabajó con reuniones casi diarias para escuchar, intercambiar y planificar. Después, a medida que avanzó el año, comenzamos a trabajar por servicios y grupos profesionales para seguir planificando la recuperación”, detalló.
Moyano también recordó que muchos trabajadores del hospital enfrentaban la emergencia mientras, al mismo tiempo, atravesaban situaciones similares en sus propios hogares. “Hubo una gran afectación. A muchos profesionales y trabajadores les tocó trabajar en el hospital mientras también sostenían los efectos de la inundación en sus domicilios”, explicó.
Al reconstruir las primeras horas del desastre, el director del Penna relató la escena que encontró cuando ingresó al edificio durante la madrugada del 7 de marzo. “Lo primero que recuerdo es una gran desolación. Era muy temprano, no había luz y el hospital estaba absolutamente a oscuras”, señaló.
La situación era crítica en los niveles inferiores del establecimiento. “Bajar al nivel -1 y encontrar el pasillo central deshabitado, con todos los muebles flotando, fue muy impactante”, recordó. En ese momento, el agua ya había invadido gran parte del sector y circulaba con fuerza dentro del edificio.
Uno de los momentos más dramáticos se vivía en la terapia intensiva. “La gente en la terapia intensiva estaba respirando manualmente a los seis pacientes que estaban internados”, relató. A pocos metros, el agua ingresaba con violencia por los vidrios rotos del edificio. “Había literalmente un río en el nivel -1 y para llegar hasta la terapia tuve que ir agarrándome de cosas para que no me llevara”, agregó.
El impacto visual fue tan fuerte que, según admitió, en un primer momento pensó que la situación era irreversible. “Lo primero que sentí fue que esto no se levanta más”, recordó. Entre las imágenes que quedaron grabadas en su memoria mencionó equipos y mobiliario recientemente incorporados que flotaban en el agua. “Habíamos comprado hace poco camas y muebles nuevos y los vi literalmente flotando”, señaló.
También recordó el estado en que quedó uno de los equipos más importantes del hospital. “El resonador que habíamos inaugurado dos meses antes estaba hasta la mitad de agua”, explicó.
Con el paso de las horas comenzaron a llegar refuerzos y asistencia desde el sistema de emergencias sanitarias, lo que permitió reorganizar la respuesta frente a la crisis. “Cuando empecé a recibir llamados de emergencia sanitaria que decían ‘tranquilo, vamos para allá, sabemos de esto’, uno empieza a recuperar el ánimo y se pone nuevamente en tarea”, relató.
