El médico veterinario Matías Jiménez alertó sobre errores frecuentes en el cuidado de loros y cotorras domésticas, especialmente en la alimentación, y brindó recomendaciones para mejorar la calidad de vida de estas aves, que ganaron protagonismo como mascotas en muchos hogares.
Durante una participación en Siete Mundo, el especialista explicó que una de las principales fallas detectadas en consulta es la dieta inadecuada. “La gente abusa mucho de las semillas, da mucha semilla suelta, sin calidad”, señaló, al advertir que este hábito está directamente relacionado con la aparición de enfermedades.
Jiménez detalló que no todas las especies requieren la misma alimentación. En el caso de aves pequeñas como la ninfa, el agapornis o la cotorra australiana, indicó que la dieta debe componerse en un 75% de semillas específicas para cada especie, un 20% de frutas y verduras y un 5% de premios o suplementos. En cambio, para el loro amazónico —de mayor tamaño— la proporción se invierte, con más del 50% de frutas y verduras, un 20% de semillas y el resto legumbres.
Además, subrayó la importancia de utilizar alimentos de calidad. “La semilla tiene que venir en envase cerrado con etiqueta, para que no tenga hongos, humedad o contaminación”, explicó. También recomendó incorporar calcio mediante piedra de sepia y suplementos vitamínicos como pasta de huevo dos o tres veces por semana.
En cuanto al hábitat, el profesional remarcó que muchas veces no se respetan las necesidades básicas de estas aves. “Hay muchas carencias en lo que son los cuidados, el alojamiento y todo en general”, afirmó. En ese sentido, explicó que las jaulas deben adaptarse al comportamiento de cada especie: más altas para aves trepadoras y más largas para las voladoras.
Otro punto clave es el ejercicio diario. “Todas las aves deben tener parte de su día por fuera de la jaula para ejercitar el vuelo”, indicó, y agregó que, en especies como el loro amazónico, la jaula debería utilizarse principalmente para dormir.
Jiménez también hizo hincapié en el vínculo con las personas. “Son animales longevos que viven, el que menos vive 15 años, y hay casos de hasta 70 años”, explicó, y destacó que son aves sociables, que aprenden, interactúan y requieren contacto permanente. “Se recontracostumbran al manejo, aprenden y se adaptan”, sostuvo.
Finalmente, recomendó prestar atención a los materiales de las jaulas —evitando pinturas con plomo—, mantener una correcta higiene del entorno y utilizar perchas naturales de madera no tóxica, además de incorporar elementos de enriquecimiento como juguetes.
El especialista advirtió que mejorar estos aspectos no solo previene enfermedades, sino que impacta directamente en el bienestar de aves que, bien cuidadas, pueden acompañar durante décadas.
