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“Me encanta despertarme y no saber a quién voy a conocer en el camino”: viajó en un Ford T de 102 años desde Algarrobo hasta Ushuaia

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Un vecino de Algarrobo logró concretar un sueño que parecía reservado para otra época: unir el sur del país en un vehículo centenario. Se trata de Julio Dupont, quien viajó hasta Ushuaia a bordo de “Haydée”, un Ford T modelo 1924, en una travesía que combinó aventura, nostalgia y encuentros humanos inolvidables.

“Muy feliz con la experiencia esta de ir de acá a Ushuaia en un Ford T del año 24”, resumió Dupont tras completar el recorrido, que demandó 11 días de viaje. Según explicó, el trayecto podría haberse hecho en menos tiempo, pero eligió priorizar la experiencia: “Podrían haber sido nueve, pero si lo hacíamos en nueve era llegar, no era viajar, no era pasear y no valía la pena”.

El viaje incluyó más de 300 kilómetros diarios atravesando rutas de Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, además de un “bonus track” de 600 kilómetros adicionales hasta Río Gallegos por un inconveniente mecánico. “Fue un bonus track pasear con 600 km más con el Ford después de haber terminado el viaje”, contó.

Lejos de ser un vehículo restaurado, “Haydée” conserva el desgaste propio de sus 102 años, algo que su dueño valora especialmente. “Es un auto de campo, todo gastadito. Me gustan las cosas que cuentan una historia de vida”, explicó. Y agregó con una metáfora que resume su vínculo con el vehículo: “Yo digo que es una mujer con 102 años de vida y tiene el cuerpo de una mujer de 102 años”.

El nombre del auto también tiene una fuerte carga emocional. Dupont detalló que, como es tradición entre los fanáticos de los Ford T, cada vehículo lleva un nombre propio. En su caso, eligió “Haydée” en homenaje a su abuela, quien en la década del 30 viajaba sola en un Ford T para ver a su novio. “Su gran historia de vida fue que ya vivía en Nicolás Levalle y se iba hasta Algarrobo a ver a su novio sola en un Ford T”, recordó.

La pasión por estos vehículos lo acompaña desde chico: “De los 10, 11 años que tengo Ford T en casa”, señaló, al tiempo que se definió con humor como “un junta cachivaches, porquería vieja”. Sin embargo, detrás de esa frase hay una dedicación extrema: durante el viaje, realizaba controles mecánicos constantes. “Soy un histérico del auto. Trabajo todo el día en el auto”, admitió.

Más allá del desafío técnico, el viaje estuvo marcado por los encuentros con otras personas. En distintas localidades, fanáticos de los autos antiguos lo recibieron con vehículos similares, mientras que otros se acercaban a compartir recuerdos. “Gente que no tiene auto antiguo, pero tiene una historia de vida… para mí es un súper placer subirlos de nuevo a un Ford T”, relató.

Uno de los momentos más significativos ocurrió en un geriátrico, donde invitó a pasear a adultos mayores. “Reviven un montón de años y a mí me dio una historia que me llenó el corazón. Eso no tiene precio”, expresó.

Lejos de cerrar la etapa, Dupont ya proyecta nuevos desafíos. “Como buen soñador que soy, me encanta despertarme y no saber a quién voy a conocer en el camino”, afirmó, y adelantó que en octubre planea recorrer la Ruta 40.

Esta entrada ha sido publicada el 20 de marzo, 2026 19:00

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