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jueves 25 de julio
conciliador

La estrategia de Javier Milei para lograr que el Papa venga al país y contenga la situación social

En dos entrevistas en los últimos díasel presidente Javier Milei se mostró muy conciliador con el Papa Francisco y hasta ensayó una autocrítica de las descalificaciones que en el pasado le propinó al pontífice.

Ello a pesar de que Jorge Bergoglio recibió a sindicalistas de Aerolíneas Argentinas el día en que el Senado debatía su posible privatización en el marco de la Ley Bases. Y que al día siguiente hizo lo propio con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, en la víspera de que el primer mandatario argentino proyectaba saludar al jefe de la Iglesia católica en el encuentro del G7 en Italia.

Milei desvinculó al Papa de todo condicionamiento partidario a la hora de opinar y relaciono sus posiciones a su condición religiosa. “Me equivoqué porque en el fondo le estaba diciendo algo por pensar distinto, por tener una lectura de las Sagradas Escrituras distinta a la que tengo yo”, dijo una entrevista en La Nación+.

Además, consideró que Jorge Bergoglio “tiene una forma de ver desde la perspectiva de un jesuita. En el momento caí en la trampa de creer que era porque es peronistafue un error y, por eso, contesté como contesté”.

Más aún: en la anterior entrevista, con Jonatan Viale, en TN, Milei se mostró comprensivo con los sacerdotes y feligreses que entonaron una consigna opositora en dos misas en iglesias porteñas oficiadas tras la muerte de Nora Cortiñas, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, de un hijo del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel y de un cura desaparecido durante la dictadura. Lo que provocó que el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, tuviera que salir a decir que el oficio religioso “es sagrado y para unir, no para dividir”.

No creo que el espiritual sea el ámbito para la política. Lo que hicieron no tiene nada que ver con mi forma de vivir la espiritualidad”, comenzó diciendo Milei sobre las misas militantes.

No obstante, opinó que “hay quienes pueden vivir la espiritualidad de otra manera, aunque yo no participaría de algo así”. Y completó: “Pero es una situación que no afecta el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. Por lo tanto, puede gustar o no, pero evidentemente hay gente que la quiere vivir de esa manera”.

Ya en el tramo final de la campaña que lo depositó en la Casa Rosada -sobre todo en los debates presidenciales- Milei se había disculpado por haber dicho que Francisco era “el representante del Maligno en la Tierra” e incluso, años atrás, dedicarle algunos insultos. Pero, se sabe, lo que dicen los políticos (aún los recién llegados a la política) en campaña tiene escaso o nulo valor. La urgencia es sumar o, al menos, no perder votos. Aunque, luego, ya como presidente, fue al Vaticano y selló la reconciliación.

Sin embargo, resulta llamativo el empeño que está poniendo actualmente el presidente en cultivar la relación con Francisco pese a los gestos del pontífice hacia quienes cuestionan su gobierno (además de discursos en los que reivindica la justicia social y el papel del Estado, en línea con la Doctrina Social de la Iglesia, en contraposición con las posiciones de Milei) y hasta que evite criticar episodios como las misas militantes, condenadas -como esta a la vista- por la propia Iglesia.

En medios eclesiásticos la hipótesis que surge para explicar la actitud de Milei es que anhela que Francisco venga a la Argentina durante su mandato y que “está haciendo buena letra” para lograrlo. En marzo, durante una entrevista con CNN, el presidente dijo que ansiaba su visita y que estaba dispuesto a “hacerle de una especie de bastón humano” si fuese necesario. Pero que había que dejarlo que decida “sin presiones”, sabiendo que le demandará una gran exigencia física.

Parece claro que Milei quiere ser el presidente argentino que reciba al Papa argentino. Ser él el coprotagonista de una foto para la historia. Pero las fuentes eclesiásticas consultadas consideran que su interés no termina allí. Creen que su presencia podría servir de contención social, sobre todo si se concreta a fines de noviembre o principios de diciembre -como el propio Jorge Bergoglio precisó a modo de deseo días pasados- cuando suele crecer la tensión.

Creen que esa tensión podría evidenciarse ante la dureza del ajuste que lleva adelante el gobierno, la pobreza que no dejó de crecer en los primeros meses del año superando el 50% de la población y, entre ella, la friolera de casi nueve millones de indigentes, más allá de que el severo deterioro sea atribuido en buena medida a los gobiernos anteriores. Mientras que la reactivación se demora y crece el interrogante acerca de cuando la tolerancia social encontrara un límite. (TN)

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