Ya es oficial: Granja Tres Arroyos, la mayor empresa avícola del país y la nave insignia del grupo GTA, se presentó en concurso preventivo de acreedores. La compañía inició formalmente el proceso y la causa tramita ante el Juzgado Comercial N°21, Secretaría N°42, de la Justicia Nacional en lo Comercial.
La presentación se produce después de más de un año de crisis financiera, ajuste industrial y negociaciones con acreedores que no lograron encontrar una salida para la situación del grupo. Y tiene un peso especial dentro del holding:
Wade, la sociedad utilizada por el grupo para quedarse con los activos de la ex Cresta Roja, había presentado su propio pedido de concurso preventivo pocos días antes. Ahora, la llegada de Granja Tres Arroyos a los tribunales lleva la crisis al corazón del holding construido durante décadas por la familia De Grazia.
La magnitud de la compañía permite dimensionar el impacto de la decisión. Granja Tres Arroyos emplea a unas 6.500 personas y durante su etapa de mayor expansión llegó a operar ocho plantas de faena en la Argentina y Uruguay. El grupo concentró más del 20% de la producción avícola nacional y destinaba alrededor del 35% de su volumen a los mercados externos.
Ahora, además, enfrenta una fuerte presión sobre su caja. Solo Granja Tres Arroyos acumula más de 5.700 cheques rechazados por más de $91.800 millones, mientras que su deuda bancaria supera los $32.600 millones. A ese cuadro se agregan ocho pedidos de quiebra que, según la información judicial relevada por Ámbito, fueron presentados contra la sociedad.
El ajuste llegó a las plantas y a los trabajadores
En este marco, durante 2025 y 2026 el grupo avanzó con un proceso de reducción de costos que incluyó retiros voluntarios, jubilaciones anticipadas, reducción temporal de salarios y concentración de la producción.
El ajuste se profundizó este año. Entre Buenos Aires y Entre Ríos, el grupo desvinculó a unos 1.730 trabajadores, según los relevamientos realizados durante el conflicto laboral. La cifra representa más de una cuarta parte de la dotación total, que rondaba las 6.500 personas.
A fines de agosto, además, la compañía confirmó la paralización “transitoria” de las plantas de Pilar, Capitán Sarmiento y Esteban Echeverría, mientras que la planta La China, en Concepción del Uruguay, había sido paralizada meses antes.
La situación también generó reclamos por salarios adeudados. El sindicato denunció atrasos correspondientes a distintos meses de 2026 y sostuvo que algunos trabajadores que habían acordado retiros voluntarios recibieron cheques que luego fueron rechazados.
El frente laboral terminó mostrando que el problema ya no estaba limitado a las finanzas de la compañía, sino que había comenzado a afectar directamente la operación de uno de los principales empleadores de la industria avícola argentina.

De vender pollos en la calle a construir un gigante avícola
Para entender la magnitud de la compañía que ahora entra en concurso hay que remontarse a la historia del grupo. Granja Tres Arroyos nació en la década de 1930, cuando Gaspar De Grazia, un inmigrante italiano, comenzó vendiendo pollos vivos en Buenos Aires y luego abrió un puesto sobre la calle Tres Arroyos, en Caballito. De aquel negocio surgió la empresa familiar que décadas más tarde se convertiría en el principal productor avícola del país.
El salto industrial llegó bajo la conducción de su hijo, Joaquín De Grazia, quien convirtió el negocio en un grupo integrado verticalmente. La compañía avanzó sobre genética, incubación, producción de alimento balanceado, granjas, faena, procesamiento y exportación.
La expansión también se apoyó en adquisiciones. El grupo compró Avex al brasileño BRF y, a través de Wade, incorporó los activos de la ex Cresta Roja. En su momento de mayor desarrollo llegó a contar con ocho plantas de faena: Pinazo, Cahuane, La China, Beccar/Súper, Wade 1, Wade 2, Avex y Melilla.
Durante años, el modelo se sostuvo sobre una fuerte escala productiva y exportadora. Granja Tres Arroyos llegó a procesar alrededor de 760.000 pollos diarios en el país, exportar a más de 60 mercados y facturar cerca de u$s1.300 millones.
Pero esa estructura comenzó a quedar bajo presión cuando se complicaron los mercados externos. China, uno de los destinos clave para el pollo argentino, cerró sus importaciones en 2023 tras el brote de influenza aviar, lo que afectó especialmente a un negocio que necesita colocar en el exterior las partes del pollo con menor demanda en el mercado interno.
La reapertura parcial del mercado chino en mayo de 2025 no permitió recuperar el flujo anterior y volvió a interrumpirse pocos meses después. Al mismo tiempo, otros destinos asiáticos tuvieron un comportamiento irregular y la empresa debió redireccionar exportaciones hacia mercados como Vietnam, África, Chile y la Unión Europea, con menores precios y volúmenes.
El problema terminó siendo estructural: una capacidad industrial construida para un determinado nivel de exportaciones quedó sobredimensionada frente a la nueva realidad del mercado. Desde fines de 2024, el grupo comenzó a concentrar operaciones y reducir costos, pero el ajuste no consiguió revertir el deterioro financiero.
Ahora, con la presentación de Granja Tres Arroyos, la crisis llega al centro del grupo. Wade ya había dado el primer paso y ahora la empresa madre siguió el mismo camino.