Opinión: a 39 años de Malvinas

"Malvinas es una cuestión de la paz y la democracia"

Por Jorge Palacio

Independientemente de los gobiernos, los países tienen una historia y un futuro que les pertenece a todos sus ciudadanos. Así se construye la patria.

En diciembre de 1946, durante la Primera Asamblea General de las Naciones Unidas, tuvieron lugar los intercambios diplomáticos iniciales con el Reino Unido sobre Malvinas. En ese momento argentina y los británicos no reconocían la soberanía de la otra parte. Hoy, ratificamos nuestros legítimos e imprescriptibles derechos sobre las islas incluyendo Georgias y Sandwich del Sur.

Entre los reclamos argentinos en democracia, merece destacarse el del entonces senador nacional Alfredo Palacios, que sobre finales de 1920 expresó desde su banca un firme posicionamiento de reivindicación, afirmando que “el derecho de nuestra Argentina a la soberanía de las Malvinas es innegable. A pesar de ello, una de las naciones más poderosas del mundo, abusando de la fuerza, las mantiene en su poder. Es imperioso que el pueblo conozca su derecho”.

Cuarenta años después, durante el gobierno del médico radical Arturo Illia y era canciller Miguel Ángel Zavala Ortiz, nuestro país mantenía una clara posición en las Naciones Unidas. En diciembre de 1965 se logra la aprobación de la resolución 2065 y de inmediato la ONU emplazó a ambos países a iniciar negociaciones para encontrar una solución pacífica.

En la década del setenta, el aporte de Juan Domingo Perón durante su último mandato permitió avances en el proceso de negociación. El ex embajador Ortiz de Rozas fue testigo de una parte crucial de esa historia bilateral, cuando el 11 de junio de 1974 Gran Bretaña le propuso a Perón una administración compartida sobre las islas. Ese día, el ex presidente proyectó el camino para recuperarlas definitivamente.

La propuesta británica está archivada en algún lugar de la Cancillería. Se trata de un documento no oficial, que proponía un condominio sobre las islas. La intención, según el escrito –al que tuvo acceso un importante medio periodístico–, era “poner fin a la disputa sobre la soberanía” y “crear una atmósfera favorable dentro de la cual los isleños podrían desarrollarse de acuerdo a sus intereses”.

La historia quiso que el general Perón, falleciera tres semanas después y las negociaciones se desvanecieron durante el gobierno de su viuda, Isabel Martínez. Después llegaría el gobierno de facto, la guerra de 1982 y la relación bilateral daría un vuelco difícil de revertir.

Antes de la guerra, las negociaciones y relaciones diplomáticas entre nuestro país y Gran Bretaña fueron abruptas, con muchos altibajos, se pasaba de un casi entendimiento (Memorandum de Entendimiento, 1968) a una situación de beligerancia (cuestiones Shacketon; Davidoff) que finalmente desembocaron en la guerra.

Hacia 1982 todo parecía indicar que los militares argentinos abandonarían el gobierno sin pena ni gloria. Por ello fue que se proyectó la recuperación de las islas Malvinas, ocupada por los ingleses desde el siglo XIX. El mundial de fútbol (1978) había revelado un patrioterismo en vastos sectores populares y la posibilidad de recuperar las Islas elevaba la legitimidad militar a niveles nunca antes vistos.

La guerra de Malvinas transformó las relaciones diplomáticas y los avances que se produjeron antes y después del conflicto, fueron pequeños frente a la soberanía de las Islas y se promovió una diplomacia “informal”, con el objetivo de conciliar posiciones.

En medio de un tenso contexto internacional se realizaron elecciones democráticas en Argentina. La Unión Cívica Radical con la fórmula Alfonsín-Martínez venció con más del 50%. El nuevo presidente señaló que la recuperación de las Islas eran indeclinables objetivos diplomáticos y que el punto clave para cualquier discusión sobre las mismas: era la soberanía.

Merece destacarse la tarea de Alfonsín, en un verdadero período de posguerra, que permitió canalizar acciones en los ámbitos multilaterales, consolidando el reconocimiento de la comunidad internacional para alcanzar una solución justa, pacífica y duradera.

Durante la administración de Carlos Menem, se planteó la “teoría del paraguas” que permitió una serie de entendimientos.  En 1991 se restablecieron relaciones y se convino una “cláusula de salvaguardia de soberanía” (el paraguas) y se estableció que las negociaciones que se hicieran y las que se podrían hacer. Se actuó sobre otros temas de interés común como la extracción de petróleo, reinicio de vuelos comerciales y pesca.

Pero sin entrar en juicios valorativos, el resultado concreto de esa política de seducción –así llamada en el momento—y que conducía el entonces canciller Guido Di Tella, no fue exitosa.  El 25 de mayo de 2003, el nuevo presidente Néstor Kirchner, manifestó: “Venimos desde el sur de la Patria, de la tierra de la cultura malvinera y de los hielos continentales y sostendremos inclaudicablemente una política de Estado sobre las Islas Malvinas”.

En su primera gira internacional, Kirchner, se reunió en Londres con el primer ministro Tony Blair, planteándole la continuación de las negociaciones sobre soberanía, pero sin obtener respuestas y en su discurso ante la ONU, hizo un llamado al Reino Unido a “responder de manera afirmativa” en el reinició de relaciones. Posteriormente Argentina renunció al llamado “paraguas de soberanía” y reclamó nuevamente la concesión de los permisos de pesca. Kirchner construyó sobre esta cuestión, una política sustentada en la memoria, democracia y la soberanía.

Cristina Fernández, que asumió la presidencia el 10 de diciembre del año 2007, también le dio prioridad al tema de la soberanía, ejerciendo una política de endurecimiento y nuevamente reclamó por el otorgamiento de licencias pesqueras por 25 años en los espacios marítimos de las Malvinas.

Su administración presentó una queja a Londres, por el otorgamiento de concesiones para la exploración y explotación de yacimientos de petróleo y en el 2010, rechazó los ejercicios militares con lanzamientos de misiles en el área de las islas.

Durante la presidencia de Mauricio Macri se produjo “un giro de 180 grados” en materia de política exterior Argentina con respecto a los vínculos con las potencias tradicionales (Estados Unidos y Europa Occidental). En concordancia con ello se priorizó la relación bilateral con el Reino Unido fomentando un acercamiento sobre todos los temas de la agenda bilateral y subordinando a ella el tratamiento de la cuestión de las islas Malvinas.

Esa modificación buscó cambiar la imagen exterior de la Argentina con el Reino Unido y bajar el tono de confrontación y dureza que caracterizó al gobierno de Fernández. Ese mayor énfasis en la relación bilateral con Gran Bretaña, retomó el acercamiento producido en los años 90.

Mauricio Macri incluyó la cuestión Malvinas. en su discurso de asunción como presidente ante la Asamblea Legislativa, manifestando que no se renunciaría al reclamo de soberanía sobre las Islas. Del mismo modo, lo volvió a ratificar durante su discurso ante el 135° periodo de sesión del Congreso, resaltando la importancia del diálogo en la solución del diferendo: “El diálogo fortalece nuestra posición y nos permite acercarnos para encontrar una solución definitiva a este prolongado diferendo”, manifestó en el año 2017. Y con motivo de la realización de la 71° sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente argentino abogó por y la solución pacífica de los conflictos y llamo al Reino Unido a solucionar la disputa de soberanía por las islas Malvinas

En este momento, bajo la presidencia de Alberto Fernández, esta problemática es entendida como la disputa de soberanía entre la República Argentina y el Reino Unido por las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Esta controversia abarca 1.500.000 de km2 de recursos minerales, pesqueros y turísticos, renovables y no renovables. A esto hay que sumarle la proyección antártica, el control de los pasos bioceánicos, la mayor base militar británica y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en el Atlántico Sur, entre otros factores de gran valor estratégico.

La primera medida fue la elevación a Secretaría del área de Cancillería dedicada a la Cuestión Malvinas y volviéndose a nombrar a Daniel Filmus como titular de la misma. En su primera apertura de sesiones, el presidente señaló en su discurso que “no hay lugar para colonialismos en el siglo XXI” y presentó tres proyectos de ley orientados a recuperar el dominio de los espacios marítimos circundantes del archipiélago, como así también endurecer la venta de permisos de pesca de Argentina a Reino Unido y se sancionaron tres leyes:

Los proyectos fueron remitidos y aprobados por el Congreso, posicionando a la Cuestión Malvinas con gran intensidad en la agenda política argentina con la sanción de las siguientes tres leyes: la creación del Consejo Nacional de Asuntos Relativos de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y Espacios Marítimos Correspondientes. También la demarcación nueva del límite exterior de la plataforma continental argentina y la Modificación del Régimen Federal Pesquero, que endurece las sanciones a los barcos que pescan ilegalmente en los espacios marítimos bajo jurisdicción argentina o en aguas donde el país tiene soberanía sobre recursos vivos.

Jorge Palacio es VGM y periodista

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