Opinión: a 39 años de Malvinas

"Pensé que me quedaba a vivir en Malvinas o me moría ahí. Nunca creí que iba a volver"

Guillermo De La Fuente

A 39 años del inicio de la guerra de Malvinas, recuerdo que cuando me dijeron que iba a las islas me emocioné muchísimo. Me sentía San Martín. Visto desde ahora, es una cosa muy loca, porque en ese momento sabía qué podía pasar.

El primer recuerdo que tengo de las islas, es que cuando se abrió la puerta del Hércules, que nos llevó hasta allá, nos “cacheteó” el frío. Ese fue el primer saludo de Malvinas.

Se puede decir que la guerra la viví en varias etapas. La primera, cuando llegamos. Ese día salimos a patrullar y capturamos a siete Royal Marines. Y esa noche me tocó custodiarlos. Ahí fue donde, desde lo personal, vi al enemigo. Ahí lo reconocí como ser humano. Porque era una persona que comía como y tenía familia como yo. Era un tipo como yo. Y ahí comencé a darme cuenta de donde estaba metido.

Otra parte de la guerra se inició el 1° de mayo. Ese día fue el primer bombardeo, a unos cuatro kilómetros de donde estábamos nosotros. Ese día, mientras estábamos durmiendo nos tembló el piso. Ahí me encontré con la otra parte de la guerra, porque después empezaron los bombardeos nocturnos y ya no pudimos dormir. Allí comencé a encontrar la posibilidad cierta de la muerte.

A partir de junio, que ya había caído Ganso Verde, Darwin y ellos estaban acercándose, ya era más inminente que iba a pasar otra cosa. Desde ese momento yo pensé que me quedaba a vivir en Malvinas o me moría ahí, pero nunca creí que iba a volver.

Con el correr de los años me replanteé si esa idea que tenía de la muerte era real o fue un discurso adquirido por convencimiento. A veces te pasa que trabajás tanto una idea que la hacés propia. Hasta que un día me encontré con una carta que le escribí a mis viejos desde Malvinas. En esa carta, les había puesto que me encantaría estar sentado con ellos tomando unos mates, pero que sabía que eso no iba a volver a pasar. Ahí confirmé que yo, en aquel momento, tenía asumido que no iba a volver.

De hecho, el día de la rendición lloré amargamente, porque hubiera preferido morirme. Hoy suena como una locura y ¡es una locura! pero ese chico hubiera preferido la muerte antes que rendirse.

Pese al paso de tiempo, no volví a Malvinas. El regreso lo tengo muy en duda. Para mí, volver a las islas con el con el pasaporte argentino es como reconocer la soberanía británica. Eso lo considero un insulto para todos los muchachos que ofrendaron su vida. Porque los hombres que murieron en Malvinas ofrendaron su vida por el bien común, no la perdieron. No hubo un descuido y se le cayó en el camino. Los que quedaron en Malvinas son héroes.

Guillermo De la Fuente es presidente del Centro de Veteranos de Guerra de Malvinas de Bahía Blanca

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