
Hasta hace apenas unas semanas, la mayoría de los argentinos habría necesitado un mapa para responder una pregunta sencilla: ¿Dónde queda Cabo Verde?
Hoy, en cambio, ese pequeño país africano aparece en las conversaciones de la mayoría de personas. La razón tiene nombre propio: fútbol. Después de convertirse en una de las grandes revelaciones del Mundial, la selección caboverdiana enfrentará este viernes a Argentina en un partido que, más allá del resultado, ya quedó grabado en la historia de esa nación insular.
“Para nosotros ha sido una verdadera revelación. Este Mundial puso a Cabo Verde en un lugar del mundo que siempre soñamos ocupar”, resume con orgullo Adalberto Vicente Días, cónsul honorario de Cabo Verde en la Argentina desde 1994.
Su misión diplomática va mucho más allá de emitir pasaportes o asistir a sus compatriotas. Desde hace más de tres décadas trabaja para que ese archipiélago perdido en medio del océano Atlántico sea conocido por algo más que su ubicación geográfica. “Quiero que la gente sepa que Cabo Verde existe”, dice en diálogo con TN casi como una declaración de principios.
Ubicado a unos 700 kilómetros de la costa de Senegal, frente al noroeste de África, Cabo Verde está formado por diez islas, de las cuales ocho están habitadas. Tiene una superficie de apenas 4.500 kilómetros cuadrados y una población cercana a las 520.000 personas.
Su economía gira alrededor del turismo, la pesca y los deportes náuticos. Sus playas de arena blanca, el viento ideal para el windsurf y la tranquilidad de sus ciudades son parte de una postal que el gobierno intenta mostrar al mundo.
“Es un país muy seguro. El turismo es una de nuestras principales fuentes de ingreso y todos colaboran para que quien nos visite quiera volver”, explica Días.
Hay una palabra que, según cuenta, resume el espíritu caboverdiano: morabeza. “Es la amabilidad, la gentileza con la que tratamos al turista. Desde la persona más humilde hasta quien tiene un gran hotel, todos hacen sentir bien al visitante”, dice.
Mucho antes que el fútbol, Cabo Verde ya había logrado hacerse conocido gracias a la música. El cónsul recuerda especialmente a Cesária Évora, la cantante que conquistó escenarios internacionales y fue bautizada como “la diva de los pies descalzos”.
“Ella mostró nuestra cultura al mundo. Cantaba descalza porque así había crecido en Cabo Verde”, relata.
Si la música permitió que algunos descubrieran el país, el Mundial multiplicó esa visibilidad. Días admite que ni siquiera los propios caboverdianos imaginaban semejante campaña: “Nosotros hacíamos cuentas para ver si podíamos entrar como uno de los mejores terceros. Sabíamos que nos tocaban rivales enormes como España y Uruguay. Pero estos muchachos jugaron con el corazón”, reflexiona.
Todavía habla con emoción de aquellos partidos: “Tuvieron hambre de gloria. Se plantaron con mucho respeto frente a selecciones campeonas del mundo y dejaron una imagen extraordinaria. Quizás les faltó ese pequeño detalle para ganar alguno de esos partidos, pero lograron una clasificación absolutamente digna”, agrega.
Ahora llega el mayor desafío: Argentina. “Será un partido muy especial. Pase lo que pase, Cabo Verde ya ganó algo muy importante: hoy el mundo sabe quiénes somos”, advierte.
La relación entre ambos países comenzó mucho antes del fútbol. Los primeros inmigrantes llegaron hace más de un siglo y eligieron instalarse cerca de los puertos. Muchos eran marinos y encontraron trabajo en la navegación. “Donde había un puerto, había un caboverdiano”, cuenta Días, hijo de inmigrantes nacidos en las islas.
Su propio padre llegó después de la Segunda Guerra Mundial y, como tantos otros, debió enfrentar enormes dificultades para ingresar al país: “Algunos venían incluso escondidos como polizones entre el carbón de los barcos. Cuando llegaban, algún familiar debía ir a buscarlos para poder regularizar su situación”.
Esa solidaridad dio origen a las históricas asociaciones caboverdianas de Ensenada y Dock Sud, que todavía hoy mantienen viva la identidad de la comunidad.
Mientras los argentinos empiezan a conocer el nombre de Cabo Verde por el Mundial, Adalberto Vicente Días espera que el interés no termine cuando el árbitro marque el final del partido.
“Me gustaría que descubrieran nuestras playas, nuestra cultura, nuestra música y nuestra forma de recibir a la gente. Somos un país pequeño, pero tenemos muchísimo para ofrecer”, repite. Quizás ese sea el verdadero triunfo de Cabo Verde.
Más allá del resultado frente a la Selección argentina, el pequeño archipiélago africano ya consiguió algo que parecía imposible hace apenas unos días: dejó de ser un punto perdido en el mapa para convertirse en un país del que todo el mundo habla.
Fuente: TN
Esta entrada ha sido publicada el 2 de julio, 2026 08:10
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