
La difícil situación económica que atraviesan numerosos jubilados volvió a quedar expuesta durante una nueva entrega de bolsones alimentarios organizada por la agrupación “Las canas no se manchan”. La actividad reunió a decenas de adultos mayores que hicieron fila para recibir alimentos no perecederos, frutas y verduras, en medio de una realidad marcada por ingresos que no alcanzan para cubrir las necesidades básicas.
Luciano Martos, referente de la organización solidaria, describió un panorama cada vez más preocupante. “Uno escucha y ve la realidad. Esta es la verdadera realidad: abuelos que no llegan”, sostuvo. Según explicó, la demanda de asistencia es constante y creciente. “Acá vienen abuelos, lo mínimo 10 por día, a buscar alimento. Siempre se llevan algo. Ahora se les da alimento, fruta, verdura, hasta kiwi le estamos dando”, señaló, al tiempo que agradeció la colaboración de los vecinos que aportan donaciones para sostener la ayuda.
Martos aseguró que los relatos que escucha a diario reflejan situaciones extremas. “Escuchar a los abuelos a mí me causa tristeza”, afirmó. Además, cuestionó las políticas que afectan a los sectores más vulnerables. “Cualquier político, de cualquier color, que quiera cerrar los números dejando a los niños y a los abuelos afuera, es nefasto”, expresó.
Entre quienes aguardaban para recibir el bolsón, los testimonios reflejaron las dificultades cotidianas. Una jubilada que percibe el haber mínimo contó que esta era la segunda vez que concurría y destacó la importancia de la asistencia. “Ayuda un montón. Yo cobro la mínima y mi marido es cartonero”, relató. Con visible emoción agregó: “Si no, no estaríamos acá. ¿Qué necesidad tengo de estar acá? Yo no soñaba esto y me siento muy mal porque tengo que estar mendigando”.
La mujer, de 85 años y residente de toda la vida en la ciudad, explicó que incluso después de una consulta médica decidió acercarse a buscar alimentos. “Le doy gracias a Luciano que Dios lo ayude y a nosotros también que salgamos de esto. ¿Sabe cuánto hace que yo no pruebo un yogur? No sé. Y trabajé toda mi vida”, lamentó.
Otro de los jubilados presentes también remarcó el impacto de la ayuda recibida. “Ayuda. Un montón”, afirmó. Explicó que cobra la jubilación mínima y que debe complementar sus ingresos trabajando como cartonero y realizando tareas de jardinería. “Soy jubilado con la mínima y soy cartonero. Todas mis clientelas son jubilados, así que está todo mal”, resumió.
La entrega de bolsones se desarrolla en un contexto de creciente preocupación por la situación económica de los adultos mayores. Mientras la organización intenta responder a la demanda con donaciones y trabajo solidario, las filas continúan creciendo y los testimonios dejan al descubierto una realidad que golpea de lleno a quienes, después de toda una vida de trabajo, hoy dependen de la ayuda comunitaria para poner un plato de comida sobre la mesa.
Esta entrada ha sido publicada el 22 de junio, 2026 20:00
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